Compañía en consulta

Ir al psicólogo es una experiencia liberadora. Si das con ese terapeuta que encaja contigo y que, por supuesto, sabe encajar con tu forma de entender el mundo, tienes mucho ganado. Bastantes personas me preguntan por WhatsApp a la hora de pedir cita para tener una sesión conmigo, que si pueden venir acompañadas de algún familiar, algún amigo/a o pareja. Y yo siempre les contesto lo mismo: “Cuatro ojos ven más que dos y, seis, ni te cuento”.

Tazas unidas por una cuerda representando la familia

Y sí, eso de, “aquí te dejo al niño, arréglamelo” que hacen muchos padres, no te digo yo que esté mal pero ¿y si os quedáis vosotros también, papas, y, entre los 3 (conmigo 4), intentamos que vuestro pequeño/a les sean más provechosas las sesiones? Ahora, una cosa te digo, manejar una sesión de pareja o familiar es un trabajo titánico pero, si se hace bien, es muy gratificante a la par que beneficioso para los clientes que se sientan enfrente.

Por ello, si necesitas ir al psicólogo pero, como vulgarmente se dice, te “da palo” venir solo/a, tráete a ese amigo/a, a ese primo con el que te llevas tan bien o a tu pareja. Estos pueden aportar una visión diferente de la que tienes, siendo de bastante ayuda. Todos vamos a remar para que estés lo más cómodo posible y puedas avanzar en tu propia búsqueda de soluciones. Y, recuerda las palabras del Tío Ben: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, que no tiene nada que ver con lo que aquí estábamos contando, pero siempre queda bien unas palabras tan solemnes para acabar un escrito. Cambio y corto.

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