Hablemos de Emociones

Hoy quiero contarte sobre las EMOCIONES. Cuando suelo hablar sobre este tema, lo primero que me gusta hacer es dar una definición de qué son y, por supuesto, esta vez no va a ser menos. Normalmente, aunque ya casi he dejado el vicio, me gusta poner un guion cuando escribo la palabra entre la E y el resto de la palabra (Mociones), ya que queda bastante chulo para decir que las E-Mociones son la Energía (E) que ponen en movimiento (Moción) al ser humano.

Ahora bien, una vez hechas las presentaciones, vamos a desgranar tres niveles relacionados con las emociones. Vamos a hacer un viaje por las mismas pasando por tres etapas o fases que, creo, ningún libro recoge, pero que si lees sobre ellas los puedes intuir en muchos autores más inteligentes que yo. Estos tres niveles son: Diferenciación entre emociones adaptativas y desadaptativas vs. Valencia positiva y negativa (ahora explicaremos que es eso); por otro lado,  comentaremos las emociones y su motivación o, mejor dicho, cómo nos motivan (o no) a hacer algo (o no) y, por último, hablaremos de esas emociones que evitamos, se enquistan y hace que aparezca la peor de todas: el miedo a volver a sentir. ¿Los recorremos juntos?

foto artística donde se ve el cielo lleno de estrellas y dos psicólogos de málaga abrazados

El primero de ellos es el nivel más básico que muchos psicólogos denominarían: psicoeducación, una palabra que nos gusta mucho utilizar cuando tenemos que explicar cosas sobre nuestra propia disciplina. Las Emociones pertenecen a dos categorías: adaptativas o desadaptativas y de valencia positiva o de valencia negativa. Veámoslo poco a poco: una emoción adaptativa es una emoción congruente con la situación que estamos pasando, por ejemplo, si me deja mi pareja y aparece la emoción “tristeza” o “rabia” es lógico y normal, por lo tanto, en ese contexto, la tristeza o la rabia son adaptativas. ¿En qué contexto no lo sería? Por ejemplo, si me toca la lotería y me enfado. Sería raro. Te puede poner feliz, te puede poner un poco melancólico pero, de ahí a enfadarte… En ese caso la emoción sería desadaptativa o incongruente con la situación que estamos pasando.

*Aun así, quiero hacer una apunte para todo oyente sobre la importancia del contexto: si te deja tu pareja y estás feliz, puede ser desadaptativa y que algo no esté funcionando o puede ser adaptativa por que la pareja no iba a ningún lado y ahora vas a estar la mar de agusto. Siempre es importante analizar el contexto completo de la situación que genera una emoción.

Por otro lado, cosa distinta, pero a la vez relacionada, es la valencia de la emoción, es decir, si esa emoción es percibida como algo agradable (valencia positiva) o desagradable (valencia negativa). Quizás, la tristeza o el miedo no son emociones que me apetezca tener (de hecho, son de valencia negativa), pero sí que pueden ser emociones adaptativas, por ejemplo, ante un duelo. Si un familiar querido fallece, es muy lógico tener emociones como la tristeza o el miedo, aunque en realidad no nos apetezca estar en esa situación, ni sentir esas emociones.

Por tanto, una cosa es que la emoción sea congruente o no, adaptativa o no, en una situación, y otra distinta es que tipo de valencia, positiva o negativa, tenga la emoción para nosotros. Por supuesto, existen las diferentes combinaciones: adaptativa de valencia negativa, adaptativa de valencia positiva, desadaptativa de valencia positiva o desadaptativa de valencia negativa.

Hasta aquí, el primer nivel. ¿Seguimos profundizando?

niña feliz con gorro rosa agarrándose la cabeza por que no le hace falta ir a un psicólogo de málaga

Algo que le digo yo mucho a mis clientes es: te prefiero enfadado/a, que triste. ¿Por qué? Pues bien, ¿recuerdas la definición que dimos al principio? ¿Aquella de que las emociones es la energía que se encarga de poner en movimiento al ser humano? Pues verás, cada emoción hace que el ser humano haga “algo”. Por ejemplo, la alegría incita a repetir una acción para volver a sentirla, el miedo, por otra parte, nos ayuda a mantenernos alejado de algo que no nos conviene, o el asco nos mantiene también lejos de algo que sabemos nos va a sentar mal por que tiene pinta de venenoso.

Por su parte, la tristeza paraliza. En dosis controladas, esa parálisis es absolutamente adaptativa, ya que nos ayuda a parar, tomar consciencia de nosotros mismos, recargar energías y continuar avanzando. Pero, cuando se nos va de las manos y la tristeza nos abraza demasiado, nos hace perder el tiempo y, por desgracia, la vida. Por eso, les digo a mis pacientes: llevas mucho tiempo triste, te prefiero enfadado, ya que el enfado, la ira, moviliza. A los seres humano no nos gusta estar enfadados y, cuando sentimos esa emoción, nos impera a cambiar nuestra situación y mejorar. Por eso, mejor hacer las cosas con rabia, que no hacerlas y que la vida pase por delante de nuestros ojos. Para terminar el nivel dos, me gustaría dejar por aquí una frase que me dijo una alumna el otro día: Javi, la vida es una y no tiene recambios. Hasta aquí el nivel dos.

ficha negra bloqueada por dados que forman la palabra block, por lo que tendría que ir a un psicólogo de málaga

Vamos con el tres, el último nivel, que tiene relación con el uno y el dos, ya que en este lio de movilizaciones, valencias negativas y positivas o adaptativas y desadaptativas, a mucha gente le pasa que se hacen un lío y dejan de sentir, ya sea de manera parcial, evitando solo aquellas emociones de valencia negativa y centrándose desadaptativamente en las de valencia positiva o, evitando todas las emociones, bloqueándolas por completo. Aunque parezca extraño, la ausencia total de emociones es mejor que solo tener capadas las que percibimos como negativas. ¿Por qué? Por que nos da la falsa ilusión de que estamos bien y no pedimos ayuda, pero siempre tengo ese pellizquito en el pecho de que “algo raro me pasa”.

No es raro que personas vengan por consulta diciendo que están totalmente desmotivadas y que no sienten ningún tipo de emoción y piden, en cierta manera, “desbloquearse”. Y, para ello, para vivir plenamente y poder avanzar en la vida, tenemos que dejar entrar todas las emociones: las positivas, las negativas, las agradables y las desagradables. Al final de eso se trata vivir: de sentir.

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