In-dependencia

Vaqueros tendidos con pinzas para la ropa

El pasado día 28 de Febrero de 2024, día de la patria andaluza, yo, Javier Sánchez Gil, consciente de mí mismo y en pleno uso de mis facultades, decidí, de forma voluntaria y bajo ningún tipo de coacción, proclamar mi independencia y mudarme a vivir solo a la tierna edad de 29 años recién cumplidos. De primeras (y de últimas), es la decisión más importante, vital y maravillosa que he tomado nunca, pero… no es oro todo lo que reluce.

Este tema ha surgido justo antes de ponerme a recoger la ropa que lleva tendida 3 días en la terraza. De hecho, entre esa última oración que has leído y esta que estás leyendo ha podido pasar media hora, entre que he ido, la he recogido y he vuelto a seguir escribiendo. Esto es lo que tiene la independencia. Si dejas algo sin hacer, se queda sin hacer.

Cuando vives con tus padres (por lo menos ese era mi caso, a veces), si dejaba algo sin hacer, podía encontrarme con la gran suerte de que estuviera hecho a la vuelta del trabajo o de la universidad (depende de la época vital por la que transitara). Supongo, aunque no se si es mucho suponer, que en la casa de mis padres vivía un pequeño elfo doméstico que me hacía las cosas. En verdad no, en verdad era mi madre, que es maravillosa. Por muy cansada que estuviera, siempre sacaba (y aun sigue sacando, a pesar de mi independencia), tiempo para hacerme la vida mucho más fácil.

Pero ya se acabó el chollo. La ropa que tanto tiempo se quedó tendida, si no hubiera sido por ese golpe de inspiración que solo te puede dar a las 23:30 de la noche, se podría haber quedado una semana más y, nuevamente, tendría que haber vuelto a la lavadora por que los pájaros del barrio y el polvo habrían echo bien cuenta de ella. La vida, a veces, es dura.

Dobby el elfo doméstico de la familia Malfoy liberado por Harry Potter en la cámara secreta

Aun así, como he dicho en el primer párrafo, haber apostado por mi independencia, a pesar de perder ciertos privilegios, ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. Me ha ayudado a conectar conmigo mismo, conectar con el tiempo en soledad (y lo difícil que se hace a veces), conectar con quehaceres que antes no tenía que hacer (como mantener la nevera llena que, no sé si os ha pasado, pero si se acaban los huevos estos no se reponen mágicamente de nuevo en la nevera. Increíble, pero cierto) y muchas cosas más que, si pongo, esto se haría demasiado largo. Aun así, también habría que destacar, que la independencia me ha hecho apreciar ciertos aspectos pequeños que te dan la vida, como desayunar con paz el fin de semana.

No hay nada en este mundo que se iguale a la sensación de levantarse con la casa en silencio, acercarte a la cocina, preparar una buena taza de café, unas buenas tostadas de pan integral con huevo revuelto y pavo (90% carne), sacar un plátano de la nevera y, mirando al infinito, escuchando “Todopoderosos”, desayunar perdiéndote en los segundos y minutos. Una vez acabas, poder dejar los platos en el fregadero (sí, sin fregarlos), ya que nadie te obliga a ello (ni nadie lo hace por ti) y escaparte al sofá a leer la novela del momento.

Por supuesto, hablando de independencia, no podemos dejar de lado hablar del Ciclo Vital. O, como dicen en cierta película de Disney que tanto me gusta, el Ciclo de la Vida (que es un ciclo sin fin que lo envuelve todo). Hay momentos y momentos y, en estos momentos, ya iba tocando salir, volar y, aunque sé que tengo la seguridad del cariño, el amor y la ayuda (de todo tipo) de mis padres, puedo comenzar a valerme por mí solo, como ser humano individual. Y eso, señoras y señores, es una sensación maravillosa.

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