Las canciones hablan de mí

Cinta de radio cassette negra y blanca retro

Cómo dijo Sean Frutos, vocalista de la banda Second de música indie fundada en 1997, en su canción “Nivel Inexperto”: “Voy a un concierto cualquiera, ¿y a qué no lo adivinas? Esas letras son agujas que se clavan en mi espina. Ese maldito cantante ha tenido que espiarme”. Siempre he tenido, aunque últimamente más, la sensación de que las canciones me cantan a mí. De esto que estás escuchando música en Spotify, le das al modo aleatorio en tu playlist, pero a ese modo aleatorio especial en el que te va recomendando canciones que te podrían gustar y no las tienes  incluidas para meter un poco de refresquito en las canciones que llevas metralleando un mes (o 10 años, depende del caso). Como tu has permitido, salta una canción nueva y comienzas a escuchar (o más bien atender) a la letra de la canción y dices: “Coño, describe perfectamente lo que siento en este momento” u “Ostia, esa es la historia que estoy viviendo yo ahora mismo” ¿Acaso me espían?

Por otro lado, también pasa que llevas escuchando una misma canción un mes (o 10 años, qué más da) desatendiendo o atendiendo a medias la letra pero, un buen día, te rompen el corazón, te clavan una estaca cual vampiro o una bala de plata cual hombre lobo y… PUM. Esa canción cobra sentido en tu cerebro, describe perfectamente el dolor, la desazón y el desgarre que estás sintiendo ahora mismo. Ese cantante ha logrado transmitir en una poesía cantanda todos esos sentimientos que tu cabeza solo siente, pero que no logra poner en palabras. Sientes ganas de llorar, sí, pero te sientes aliviado, ya que funciona como la validación más grande que puedas sentir: el artista ha sentido lo mismo que tú y mucha más gente se siente identificada. Ya no estás solo. Ya no eres un tremendo pringado que se cree el único que está sufriendo en el mundo. Te sientes acompañado, al menos, durante tres minutos y medio. Lo malo: que la canción se acaba. Lo bueno: si pagas el premium puedes volverla a poner. Lo regular: si eres pobre puede que te interrumpa un anuncio de Colgate u Orlando escuchándola en YouTube.

Alexa de Amazon

La música sana. La música es un receptáculo maravilloso de sabiduría, sentimientos y melodías que son capaces de modular tus estados anímicos, así como acompañar los que ya tienes de serie, por que un día tonto lo tiene cualquiera y un buen día ocurre pocas veces pero, cuando ocurre, ¡aayy mamma, cuando ocurre!, se merece la mejor de las bandas sonoras.

Desde un tiempo para acá, la música me acompaña en mi día a día. Me levanto diciéndole a Alexa que me ponga esta o aquella canción, cuando salgo hacia el trabajo dirección al garaje me pongo los AirPods y me siento acompañado, en los viajes de Marbella a Málaga (y viceversa) no puede faltar una playlist que me configuro rápidamente antes de salir o me dejo sorprender por el Javi del pasado que ya se encargó de hacer una con aquellas canciones que va descubriendo. Da igual, a cada paso que doy, lo acompaño con la energía que me insufla la música. ¿No habéis notado que cuando cocináis con música, la comida sabe luego mejor? Supongo que funciona como cuando riegas una planta hablándole bonito, que florece como Sevilla: con un coló especial.

Volvamos de nuevo a la idea de que la música describe tu vida, cuando ese maldito cantante te espía. Hace un tiempo, más o menos un año atrás desde el momento en el que me siento otra vez delante de mi ordenador a escribir (joder, ¡cuántas cosas han pasado en este año!, aunque eso, es otra historia) analicé uno de mis discos fetiches y favoritos de este mundo: La Gran Esfera del grupo catalán La Casa Azul (si os interesa en mi ig: @notesienteseneldivan). Es un disco que a mí me canta sobre el ciclo vital y el amor (aunque puede que a ti no lo haga en la misma frecuencia). Con ese disco me he sentido identificado por amores en los que te ves atrapado y parece que son eternos, pero resulta que acaban, ese disco me ha hecho reflexionar sobre ese momento en el que estás con alguien y dices: por favor, no quiero estar en otro sitio más que aquí, que este momento no acabe (como me pasó con Don Bosco, que a buen entendedor…), ese disco me ha hecho decir basta a momentos de bucle de mierda y me ha enseñado que todo podría ser peor.

El epítome de todo esto ocurre el pasado 24 de Mayo de 2024, cuando llegó por fin el día en que La Casa Azul visita Málaga en el festival de música “Oh, See!” y pude acudir en directo a verles tocar esas canciones que tantas veces me han puesto tiritas en el corazón cantándolas a tope de vuelta a casa en mi coche o paseando por la calle (ahí intento controlarme, pero algún trocito se me escapa y la gente pensará que estoy loco, pero oye, quien me conoce sabe que me la pela bastante). Cuando vi en directo todas estas canciones, sentí cerrar un círculo y supe que ya pasarían a formar parte de la bandas sonora de mi vida, ya que quedaron cristalizadas en ese momento de histeria emocional. Simplemente, alucinante. He de confesar que, alguna lagrimilla, también se escapó (si es que soy un llorón…).

La música canta a tu corazón y te canta a ti, me canta a mí y nos canta a todos. Hay tantas canciones que, sin letra, consiguen transmitirte emociones o consiguen cambiar las que ya tienes. Solo tienes que escuchar, atender y prestar tus sentidos. Me gustaría terminar con una anécdota. Un día, no hace mucho, un cliente me dijo que nunca había escuchado las canciones. Me contó que simplemente eran un divertimento que ponía de fondo, que acompañaba su vida, pero que no llegaba a conectar y entender la letra, aunque fuera en su idioma natal. Si te pasa y estás en esta situación, no es algo raro o infrecuente. La música nos habla siempre que estemos dispuestos a escucharla, a atenderla y a abrir nuestro corazón pero, para ello, hay que hacer sacrificios y dejar entrar sentimientos y emociones que, quizás, no nos hagan sentir del todo cómodos.

Como también le dije a otra clienta, sentir es lo más bello y horrible que te pueda pasar. No sentir te hará una desgraciada. Tú eliges. Si te abres a la emoción podrás experimentar cosas maravillosas, pero también te arriesgas a que sentimientos menos agradables entren en ti. ¿Prefieres sentir o vivir a medias?

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