Una chica decidida
Los clientes que me consultan en psicoterapia suelen ser personas con poco tiempo y muy motivadas para el cambio, que quieren una solución para su problema lo más rápido posible. Es por eso por lo que mi forma de hacer terapia encaja tan bien con las necesidades de estos, ya que la media de sesiones que tengo con ellos es significativamente inferior a la que encuentras en otras formas de trabajar diferentes.
Aun así, la psicoterapia tiene su proceso, un proceso que requiere dedicación, constancia y trabajo por parte del cliente. Déjame que te diga que mi forma de hacer terapia no tiene ningún tipo de “fórmula mágica” por la cual los casos se resuelvan rápido, sino que durante la hora de sesión que tengo con mis clientes trabajamos, tanto ellos como yo, como dos “cabrones” para abrir ventanas y sucedan cosas diferentes en el tiempo que transcurre entre una sesión y otra.
Por todo ello, hoy os quiero contar una historia. Una historia real que, como es obvio, cambiaré los datos personales para que no podáis reconocerla. Aun así, todo lo que vais a leer es un caso real que tuve la suerte de poder llevar hace no mucho tiempo e ilustra perfectamente la gran capacidad de cambio que tiene el ser humano siempre que tenga una motivación adecuada para ponerse a trabajar. (Pero Javier, yo no tengo esa motivación, ¿qué hago? Tranquilo/a, si no la tienes yo también te puedo ayudar con eso).
La confidencialidad cliente-terapeuta me impide revelaros el nombre de la chica protagonista de esta historia, por eso, la llamaremos Paula. Paula tenía 28 años cuando llegó a mi consulta. Era una chica bastante agraciada y con una luz en su mirada potente. Desde el primero momento en que abrió la boca a través de la pantalla del ordenador, supe que tenía delante a una persona inteligente con la que iba a poder trabajar sin problemas.
Tras las presentaciones debidas (pronto os explicaré qué hago yo nada más empezar la primera sesión con cualquier cliente), Paula me cuenta que lleva un tiempo intranquila, nerviosa y con ansiedad. Al preguntarle la razón de ese estado, si había habido algún cambio en su vida o algo había ocurrido, me contó que estaba teniendo problemas en la oficina. Desde poco después de empezar la Covid-19 las cosas no estaban yendo bien, estaban habiendo recortes y, aunque su puesto estaba más que asegurado porque era uno de los valores activos de la empresa más valiosos, tenía miedo y le daba muchas vueltas a la cabeza a la idea de que le fueran a bajar el sueldo, ya que estaba ahorrando para pagar el nuevo coche que se había comprado.
Durante el tiempo que duró la terapia, unas 5-6 sesiones (no recuerdo bien ahora mismo), trabajamos mucho esos pensamientos que le impedían estar tranquila y, sobre todo, trabajamos para potenciar todo lo que dependía de ella a la hora de conservar su trabajo y tener contentos a sus superiores y, por supuesto, el saber dejar de lado aquello que se escapaba de sus “tentáculos”, como le gustaba decir a Paula.
Por supuesto, Paula también se dio cuenta de lo necesario que era tener tiempo para ella y saber desconectar del trabajo, cosa altamente complicada debido a que, con la situación actual, tenía que teletrabajar, por lo que siempre estaba en casa, ya fuera trabajando o descansando. ¡Oye! Ahora que veo esto escrito, quizás sea necesario escribir otro artículo sobre cómo saber desconectar del trabajo cuando se teletrabaja, ¿no crees? ¡Me lo apunto!
Volviendo al tema, algo que le encantó realizar a Paula y encontró descanso y diversión para su ajetreada vida, fue hacer la técnica que yo denomino: La Caja de los Autocuidados. Una técnica guay y divertida, que consiste en hacerte con una caja pequeñita y decorarla como más te guste. Tras eso, en un folio escribe entre 10-15 actividades que puedas realizar al final del día que no te ocupen más de 45-60 minutos y recórtalas en pequeños papeles. Mete los papelitos doblados en la caja y, al final del día, coge uno al azar y haz la actividad que te proponga. ¿Cuánto tiempo llevas sin ver un capítulo de una serie tranquilo/a? ¿Cuánto hace que no te tomas una copa de vino mientras lees un buen libro? Date permiso para disfrutar de un momentito para ti al final del día.
En definitiva, Paula se fue muy contenta, porque por fin había encauzado su vida, gracias al esfuerzo, la constancia y la dedicación que le había puesto a su propio cambio. Mi trabajo consistió en acompañarla en la carrera de su vida y, cuando estuvo lista para correr sola, lo hizo sin mirar atrás.
Javier Sánchez Gil
Psicoterapeuta